Elemental…
- El Bebé Mazorca

- 27 ene 2021
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 12 feb 2021
Sherlock Holmes: The Complete Novels and Stories.
Cuentos y novelas.
Bantam Classics, dos volúmenes.

«Any truth is better than indefinite doubt.»
«Cualquier verdad es mejor que la duda indefinida.»
-Sir Arthur Conan Doyle, «The Adventure of the Yellow Face», The Memoirs of Sherlock Holmes
Abriré este artículo con una advertencia importante: no creo en los spoilers. Hablo en mis reseñas de los textos como elementos integrales que van más allá de la trama misma. Si teme a los spoilers, salga de aquí y vuelva cuando ya lo haya leído o cuando su conciencia se lo permita. Por otro lado, este escrito no es una reseña como tal, pues pude leer todo el canon Holmesiano, así que no me detendré en ningún relato específico, sino que les daré una visión de conjunto respecto a las novelas e historias completas de Sherlock Holmes. Los datos curiosos aquí mencionados los encontré en la introducción de mi edición, por Loren D. Estleman, y en la maravillosa Wikipedia (no se dejen convencer de que no es una fuente fiable, solo hay que saber cotejarla).
Empecé a leer todo Sherlock Holmes en octubre de 2020, sabiendo de entrada que sería una empresa titánica. Los dos volúmenes de Bantam Classics que conseguí en inglés suman, entre los dos, más de 1800 páginas en un formato compacto. En total son cuatro novelas y cinco recopilaciones de aventuras breves que pude cargar a todos lados gracias a esta edición de bolsillo que fue mi compañera por tantos meses. Mi idea inicial era terminarlo todo antes del año nuevo, pero el trabajo y las clásicas excusas de la falta de tiempo me extendieron este proyecto policíaco un par de semanas más de este año nuevo. Mucho se ha dicho ya sobre el talentoso detective privado Sherlock Holmes y su incondicional amigo y compañero el Dr. Watson, así que probablemente no sean novedades las que vengo a exponer. Sin embargo, en esta ocasión, tengo la ventaja de tener una visión de conjunto, que abarca todo lo que existe canónicamente respecto a este personaje.
El Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, vio la luz por primera vez en el “Beeton’s Christmas Annual” de 1887, en su aventura “A Study in Scarlet” (“Un estudio en Escarlata”). Las publicaciones siguientes ocurrieron, desde 1891, en el Strand Magazine, en publicaciones periódicas, muy propicias para el formato corto pero contundente de las historias detectivescas. Este es el primer punto que me gustaría tratar, y es que la fama y la influencia de Sherlock Holmes tal vez no habrían sido iguales de no ser por sus publicaciones serializadas en revistas o en la prensa. La literatura detectivesca serializada es un género que se somete al escrutinio directo del público, periódicamente. Es posible medir su éxito y su popularidad semana tras semana, pero también implica un compromiso de la parte del autor, quien debe cumplir con las expectativas de su público con cada nueva entrega.
Es precisamente esa característica la que convierte a Holmes en un personaje que deja de pertenecer a su escritor para convertirse en una especie de propiedad pública. Es bien sabido que, en un punto, Sir Arthur Conan Doyle ya estaba hastiado de tanto Holmes, sentía que el personaje le había invadido la vida y la cabeza, y que las historias de detectives implicaban un obstáculo respecto a sus otros –y muy variopintos– proyectos literarios. Escudándose en todos estos argumentos, ansioso de libertad, el autor decide matar a Sherlock Holmes a manos del único rival que podría hacerle frente: Moriarty. Dato curioso: Moriarty es introducido en el relato siguiente por primera vez y nunca vuelve a aparecer como personaje. Es una presencia mencionada y recordada por su omnipresencia en el mundo del crimen, pero nunca vuelve a aparecer en escena. En “The Final Problem” (“El problema final”), Holmes persigue a su antagonista por toda Europa y, tras un enfrentamiento dramático al borde de un acantilado, muere, pero no sin arrastrar a su enemigo al fondo del abismo. ¡Es el final perfecto! ¡Una despedida gloriosa para un héroe mítico!
Pero eso no fue lo que pensaron los lectores del Strand Magazine, que sufrió tal ola de cancelaciones en sus suscripciones que estuvo a punto de quebrar. Cuenta la leyenda (según algunos, exagerada por los herederos del autor), que incluso se vio por la calle a hombres con brazales negros simbolizando el luto por tan adorado personaje. Al final fue tal la presión pública (y tal el éxito de la novela El Sabueso de los Baskervilles, que también se publicó por entregas en el Strand), que Sir Arthur Conan Doyle se vio obligado a recurrir a las argucias de la ficción para revivir a Sherlock Holmes y regresarlo, sano y salvo, a su tan familiar apartamento en el 221 B, Baker Street. Este es, por cierto, otro punto en el que se difuminan las fronteras entre realidad y ficción: la célebre dirección no existía en la nomenclatura Londinense, la calle no alcanzaba el número 221. Baker Street sería extendida después y hoy en día allí se encuentra el Sherlock Holmes Museum que, a pesar de quedar entre el 237 y el 241 Baker Street, es dueño indiscutido del 221B por opinión general.
La estructura general de los relatos y novelas de Sherlock Holmes es bastante predecible, pero esto no significa que sea repetitiva o aburrida. Casi todas las aventuras son narradas en primera persona por el Dr. Watson, un doctor, ex combatiente, pero también el indiscutido cronista y biógrafo de Sherlock Holmes. Hay un par de excepciones, como el “The Adventure of the Blanced Soldier” (“La aventura del soldado decolorado”), en las que el narrador es el mismísimo Holmes, y donde el detective admite que no es tan fácil ponerse a la tarea de hacer un recuento de sus investigaciones que sea interesante para el público.
Las aventuras suelen comenzar en Londres, muchas veces en Baker Street. Holmes recibe un telegrama o un visitante, se nos presenta el misterio, se contrata al detective para resolverlo. Watson suele precisar en sus apuntes que los casos publicados son interesantes no por lo grotescos ni por lo escandalosos, sino porque presentan ciertas características que permiten apreciar la aplicación de los métodos científicos y deductivos del Detective. Después de estas primeras presentaciones nos transportamos al lugar de los hechos. Ya sea apartamento, casa campestre o negocio, Watson hace un recuento de sus primeras impresiones y de sus observaciones respecto a la escena y a las acciones de Holmes. En este punto radica la magia de la escritura detectivesca. A través de Watson, Arthur Conan Doyle nos da una visión parcial de lo que ha sucedido, induce la sensación de misterio al darnos solo una parte de la historia. ¿Pero cómo puede ser que unas historias con una estructura tan predecible logren sorprendernos a cada vez? El secreto está en la parte final: la revelación.
Y es que escondernos una parte de los hechos es una estrategia literaria muy conveniente que sirve para darle más peso al final de la obra. Después de las investigaciones preliminares suele haber un silencio, un momento de incertidumbre en el que ni Watson ni el lector están muy seguros de cuál es el secreto detrás del crimen o del misterio. Entonces, casi sin anunciarlo, Holmes llega (a veces disfrazado), prepara una escena un tanto dramática y, de un momento a otro, ¡captura al malhechor! El lector, a través de Watson, se sorprende ante el desarrollo casi mágico de los hechos. Todo parece demasiado fácil, pero claro, aquí viene lo realmente jugoso de la historia. Una vez capturado el criminal –hecho casi insignificante para Holmes- viene lo que realmente interesa: la explicación de la lógica detectivesca que llevó a la gran revelación.
Al final del relato, Holmes se sienta con Watson y le explica cómo encontró al culpable, aunque en algunas historias la revelación no llega de la mano de Holmes sino de un manuscrito, una carta o una confesión. En este punto, a través de la voz del detective o del malhechor que se confiesa, Arthur Conan Doyle introduce pistas y elementos que antes no teníamos y que nos evitaban encontrar la verdad. Por eso Sherlock Holmes es tan magnífico: él tiene la capacidad de ver lo que Watson y, por ende, los lectores, no podemos ver. Si todos viéramos lo mismo que Holmes, la lectura solo sería una carrera para ver quién resuelve el misterio primero. Pero Holmes es un ser con una capacidad de análisis y percepción que supera a las del ser humano corriente, así que resulta natural que en su recuento haya pistas que pasaron desapercibidas para el común de los mortales.
La fórmula mágica es esa: esconder para revelar.
A lo largo de su carrera, Sherlock Holmes se ve acompañado por múltiples personajes. El primero y más evidente es Watson, quien se sugiere como un alter-ego del autor, pues asume el rol de narrador y, además, es un doctor cuyo principal interés no es la medicina (Sir Arthur Conan Doyle cerró su consultorio gracias a la fama y la estabilidad económica obtenidas con Sherlock Holmes). Además, Watson es el acompañante perfecto para Holmes porque, según el detective mismo, es un intelecto inferior. Puede sonar cruel, pero en varias ocasiones, Holmes le menciona a Watson que su lentitud e incompetencia al momento de investigar solo le generan más entusiasmo y le dan impulso para presentar la tan anhelada explicación.
Por otro lado, está Mycroft Holmes, el hermano del detective. Sherlock suele decir que su hermano tiene unas capacidades intelectuales e investigativas incluso mayores a las suyas, y que lo único que le impide ser el mejor detective de Europa es que se rehúsa a salir a investigar. Mycroft es un hombre político que aplica sus métodos para asegurar la estabilidad de la Corona. Sus apariciones son someras, pero siempre muy entretenidas, en especial cuando los dos hermanos hacen alarde de sus habilidades ante un Watson totalmente anonadado.
Menciono por último a un personaje cuya presencia en la cultura popular y en las readaptaciones cinematográficas de Holmes es mucho menor respecto a sus apariciones canónicas: Irene Adler. La menciono de último adrede, para resaltar la falta de personajes femeninos en el canon holmesiano. Sherlock Holmes suele hacer comentarios despectivos y paternalistas respecto a lo que él denomina “el sexo” [femenino]. Las mujeres brillan por su ausencia en las historias de nuestro amado detective y su rol suele ser el de víctimas indefensas o el de criminales caprichosas. Irene Adler es la excepción. Ella es “la mujer”. La que, en “A Scandal in Bohemia” (“Un escándalo en Bohemia”), logra prever las acciones de Holmes y adelantarse a los acontecimientos. Antes dije “apariciones”, pero en realidad es “aparición”, pues, a pesar de ser “la mujer”, Irene Adler no vuelve a aparecer. Resulta evidente que, ante tal aridez de personajes femeninos, nuestros adaptadores contemporáneos deban aferrarse con uñas y dientes a lo poco que nos ofreció Sir Arthur Conan Doyle a este respecto.
Me perdonarán si me extiendo, pero no es fácil resumir lo que fueron cuatro meses de lectura ávida. Habiendo ya compartido mis percepciones y mis pequeños análisis respecto a las aventuras de este gran personaje, solo tengo un par de palabras más para añadir: me encantó. Me sorprendí ante cada aventura, odié a cada antagonista, confirmé que soy y seré siempre un niño enamorado de la ficción. Para amar a Sherlock Holmes no es necesario leerlo todo, yo lo hice porque se me presentó la oportunidad. Lo conveniente de que sus aventuras sean relatos breves es que siempre hay un espacio en el día para “uno más”, para ver “qué misterio va a resolver Sherlock Holmes esta vez”.
Por eso, si no tienen tiempo o ganas de leerlo todo, les dejaré una lista de mis recomendados. Dejaré los títulos de los cuentos en inglés pues confío en sus capacidades investigativas para encontrar las versiones en castellano.
Novelas:
Las cuatro novelas son excelentes. Pero, para mí, la mejor es The Hound of the Baskervilles (“El sabueso de los Baskerville”).
Relatos (en orden de lectura):
-A Scandal in Bohemia
-The Five Orange Pips
-The Adventure of the Blue Carbuncle
-The Adventure of the Engineer’s Thumb
-The Adventure of the Copper Beeches
-Silver Blaze
-The Yellow Face
-The Musgrave Ritual (en mi opinión es el que mejor ejemplifica los métodos investigativos de Holmes).
-The Greek Interpreter
-The Final Problem (en el que Holmes “muere”).
-The Adventure of the Dancing Man
-The Adventure of Charles Augustus Milverton
-The Adventure of the Dying Detective
-The Adventure of the Blanched Soldier (una de las únicas narradas en primera persona por Sherlock Holmes).
-The Adventure of the Sussex Vampire.
-The Adventure of the Creeping Man.




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